sábado, 8 de octubre de 2016

Me he dado cuenta que eso de ser joven es algo muy intenso. Es algo bastante complicado y a la vez emocionante, con una mezcla de miedos, llanto, dudas, inseguridades, pasión, admiración, determinación y una completa incertidumbre. A uno no siempre lo preparan para eso. Nos encierran en burbujas de protección, de prohibiciones y control de nuestros actos, pero no nos preparan para cuando no haya quién  para que nos resuelva los conflictos. A mi me tocó un poco fuerte la cosa, o sea, como yo la siento. Es medio inocente pensarlo porque seguramente hay quienes realmente la tienen difícil, pero el punto es que uno recibe acorde a su capacidad, tarde o temprano, todos debemos enfrentarnos a algo que encontramos jodido. Entonces, debemos armarnos con un montón de destrezas, habilidades y protecciones divinas, porque no hay de otra forma. 
Ser joven implica tomar un montón de decisiones a la vez que seguir cuidando todas aquellas relaciones que hay que cuidar, seguir atendiendo los estudios que se supone asegurarán nuestro puesto en la sociedad, y seguir procurando sentirnos felices con todo ello. Es enfrentarnos a tomar las cosas buenas de una sociedad que en medio de todo intenta levantarnos, pero a la vez destroza toda nuestra esencia. Es buscar maneras de buscar un equilibrio, comprendiendo que a la final uno no puede vivir fragmentado, que las dicotomías son inventos para controlar masas y que en realidad tenemos un propósito más sublime que el de trabajar para ganar dinero y comprar cosas. Es un montón de cosas a la vez, todas de una intensidad espeluznante. Creo que no todos nos toca la intensidad a una misma edad, y capaz que algunos nunca la sienten, tal vez por un gran equilibrio mental o por todo lo contrario. El punto es que la vida es una lucha diaria, ojalá podamos advertírselos a todos los niños y adolescentes, y ojalá podamos ayudarles a desarrollar el potencial inherente que les permitirán sobrellevarlo. No creo que hay mejor de manera de hacer esto que con una vinculación con algo superior a lo que uno pueda aferrarse, ni mejor oportunidad de dejar de rodearnos a nuestros egos que el servicio a la humanidad. El mundo está lleno de suciedad, guerras por territorios que a la final serán nuestra tumba, prostitución del significado de la vida, somos esclavos del dinero, no existimos si una red social no nos deja existir... a la final, no hay un verdadero sentido de existir. Pero entonces, ¿qué chucha hacemos? me gusta la idea del llanto, puede ser muy aliviante, pero y ¿qué hay de orar?